Las horas cesarán su constante genocidio
Me encuentro solo de nuevo, como casi siempre. Solo con mis pensamientos y el interior de un cráneo que a veces parece estar de rave, otras me abre la puerta a los mundos paralelos que guardo entre las neuronas y hay otras veces, que parece una bomba con un temporizador dispuesto a detonar... Las sensaciones a flor de piel son la chispa que prende la mecha para convertir mi interior en un torrente desbocado de emociones, capaz de arrastrarme hasta el abismo del amargo y punzante daño de la incomprensión. Daño que tiende a repetirse en este azar demasiado destrozado por las horas, por el tiempo... La reclusión en mí, no obstante, es una medida de protección para huir de los coletazos que da la vida, ya marchita, y que busca renacer de entre sus cenizas para convertirse en algo más fuerte, más vivo, y así poder hacer frente a las aves carroñeras que pretenden alimentarse de ella...
Y entonces, yo saldré de mi caparazón. Saldré para batallar contra el ejército del miedo y aniquilar a las aves que causan el llanto de millones de personas. Será entonces, en la construcción de un mundo mejor, cuando las agujas del reloj cesen su constante genocidio para convertirse en las caricias que siempre desearon ser y que nunca pudieron porqué la realidad les ahorcó los sentimientos.
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