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lunes, 11 de marzo de 2013

Amor y revolución van de la mano

Amor y revolución van de la mano


Siento empatía, siento amor por las personas... por los sentimientos desnudos que emanan de la carne para acariciar mi corazón otorgándole instantes de sutil placer. Es por ello, el amor hacia el ser humano, que me estoy instruyendo en el arte de la revolución. Ser revolucionario es amor, es amor por todo aquello que te rodea, es sentir la necesidad de desprender de tí lo mejor para que haya una mejoría para todos. La revolución será la culminación del amor del ser humano hacia el ser humano. No obstante, esta empatía hacia las personas me hace albergar un creciente odio hacia la gente (que no personas). Mi capacidad de dar amor se ve constantemente tiroteada por el odio que siento hacia muchísima gente porqué los sentimientos más puros están siendo devorados por el capitalismo para crear verdaderos monstruos ajenos a cualquier atisbo de sensibilidad. Monstruos capaces de destruirse entre ellos y destruirnos a nosotros con el único fin de obtener más poder. Los odio por haberse dejado abducir por el capitalismo, haber caído en sus podridos tentáculos y reproducir un discurso sobre tal inhumano sistema como si fuera lo mejor que existe o haya podido existir.
 Es tal el punto, en que los corazones ya han dejado de serlo para convertirse en un conato de piedra, un trozo de madera o peor todavía, en un trozo de plástico. Un trozo de plástico más para quiénes ya ''gozan'' de otros dos y cuya función es hacer de pechos. Menos mal que la revolución es un hecho y no una profecía maya y junto a la construcción del socialismo se reeducará a las personas para devolverlas a su condición de ser humano y desposeerlas de la monstruosidad a la que están sometidas.

Es por ello que la revolución y la edificación del socialismo es la más grande muestra de amor hacia el ser humano.

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