Desnudándome vestido
Y hoy conjugo la rabia de un revolucionario naxalita con la cautela de un militante del PCE(r) en la clandestinidad. Hoy sigo destruyendo realidades que son la paradoja a su nombre, irreales, y que pretenden absorbernos hacia el frenético mundo del ser (in)humano. Ya se empiezan a esconder todos los fantasmas y los hijos del miedo que revoloteaban en mi mente cual parque de atracciones. Debo reconocer, que hace ya largo tiempo tiempo inicié un período de reeducación en mi interior y mandé al gulag de mi cabeza aquellos burgueses pensamientos que eran creados, alimentados y reproducidos por la caja tonta. Duele infinitamente, a la vez que reconforta de la misma manera, el hecho de saber que casi caigo en el abismo de la superficialidad por no apreciarme a mí mismo, mientras me apuñalaba los instintos y envidiaba a los ''guays'' por su capacidad de estar bien vistos por el género femenino. Mi debilidad, mi poca autoestima y mi deseo de ser aceptado me hicieron crear un personaje ficticio, una cortina ante mi verdadero yo que no se sostenía por ningún lado y que finalmente cayó, se derrumbó ante los cimientos puros que anhelaban crecer y salir de su máscara que se había convertido en una infernal prisión. Por fin pude desprenderme de mi piel caduca e iniciar un camino en el que son mis pasos los que progresan y no las copias de unas copias de unas copias...
Es cierto que sigo siendo débil y mi autoestima se restriega en el suelo de forma constante. Quizá me sigue escaseando la personalidad en algunos aspectos pero soy consciente de ello e intento combatir esas carencias insistentemente para seguir puliéndome e ir progresando como persona. Es por ello que me abrazo a la tarea de ser un revolucionario.
Ha costado tiempo y dolor pero ahora soy yo, soy yo...
Je, je.
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