Batallando en esta guerra perra
Sentado, delante del ordenador, configurando textos que son el pretexto para llorar el cosmos que se concibe más adentro de las barreras de mi piel y de los huesos. La música es la musa que va acariciando mis latidos y mis sentimientos en cada escaramuza con el teclado por la creación de algo digno. Va allanándome el camino, va dirigiendo a mis impulsos ebrios en este trayecto de infinitas curvas. Las notas lideran el ejército de sensaciones que se prepara para la batalla contra el exterior, contra el enemigo número uno de todas las personas, la vida. Cada batallón está listo, y armado, para resistir la primera embestida y lanzar una ofensiva que aniquile a su soldado más temible, el tiempo. No obstante, a pesar de lo larga que parezca tal guerra, acabaré pereciendo como todo ser humano que decide enfrentarse a ella por el simple hecho de nacer. Posee armas demasiado eficaces (y sutiles) que resquebrajan todas mis defensas dejándome al desnudo bajo la lluvia de materia que nos envuelve. Sé que soy su títere, al fin y al cabo, y con cada golpe que recibo, me va convirtiendo en abono.
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