Fuego fatuo.
Buscando un lugar en el que protegerme de los tornados que yo mismo me provoco. Antes podía refugiarme entre tus brazos, ahora estoy desnudo e indefenso ante una tormenta que me debora. Es cierto, ahora me siento mucho más débil, más frágil. Ahora soy como un cristal agrietado en el que con un simple toque, puede quebrarse en bastantes pedazos. Soy tan endeble que puedo hundirme con tan sólo un leve golpe de aire. He ejecutado prácticamente todas las balas pero sigo sin acertar. He probado diversas maneras pero no consigo deshacerme de tu maldito recuerdo traicionero. De vez en cuando sigues dándome collejas que me recuerdan que todavía sigo quemándome tras lo nuestro. Que todavía sigo ardiendo a pesar de que en ti ya no percibo ni cenizas. Es más, ahora tan sólo soy un fuego fatuo demasiado macabro que metaforiza la muerte de lo nuestro...
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