Entre cuatro paredes
Es increíble la capacidad del cerebro para ahogarse entre cuatro muros, entre cuatro paredes de cartón que parecen de acero. Hay veces que parece que los muros ceden, o incluso lleguen a retroceder, haciendo más grande el habitáculo. Sin embargo, hay otras veces que las paredes se comprimen demasiado hasta ahogar, exprimir y desgarrar el cerebro. Esas veces escuece hasta el respirar porqué la mente sólo absorbe el ácido de las lágrimas reprimidas, que se tornan hogueras ardiendo por las cercanías del corazón haciéndolo hervir. Actor y espectador de esta obra de teatro cuyo telón está hecho polvo por los cambios tan repentinos de escenas que pierde toda su utilidad. Mejor muestro mi vacío a un público inexistente por si le llena. Mejor me desnudo por si la lluvia calmara el dolor, pero resulta que quema. Sigo en mi cubículo escribiendo por no acabar aplastado por éste, por no hacer jaque mate a la estabilidad que intento perseguir, pero las paredes últimamente están contrayéndose demasiado y no sé si son éstas o mi existencia lo que se me está clavando en el cuello. Supongo que son los dramas del día a día que parecen eternos, pero aquí sigo, entre cuatro paredes, peleando por respirar aire y no polución, por sobrevivir a las embestidas de los contratiempos y de los deseos indeseados, en definitiva, peleando por encontrarle un sentido a ésto.
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